Sherlock Holmes en: El caso de Tamám Shud

De las memorias del Doctor Watson.

Debido al carácter de este caso cambiaré los nombres para proteger el honor de las personas involucradas.

Pocos casos lograban despertar el interés de mi buen amigo Sherlock Holmes y eran aún menos los que le dejaban una huella marcada en su asombrosa memoria. Tal es el caso del asesinato del hombre misterioso en la bahía de Carbis en St. Ives, Londres.

Era primero de diciembre, mi amigo Sherlock estaba enfocado en su práctica de violín y yo leía el periódico como cada mañana. No fue sino hasta pasadas las tres de la tarde exactamente cuando el inspector Lestrade nos convocó a mi amigo y a mí para ser partícipes en la investigación de un asesinato.  Salimos en el primer tren que llevaba a St. Ives, el lugar del crimen. El inspector Lestrade nos hizo favor de explicarnos los detalles de la escena.

“Fue en la madrugada del día de ayer cuando uno de los vigilantes de policía que daba su ronda matutina en la bahía de Carbis vio el cuerpo del sujeto boca abajo. Después de dar aviso del avistamiento varios oficiales bajaron a la playa donde acercaron el cuerpo para que no se lo llevara el mar.”- al decir esto mi amigo permanecía pensativo- “Cuando llegamos los inspectores y yo empezamos a examinar el cuerpo; lo más extraño es que no encontramos alguna identificación, tampoco marcas de pelea en las manos o alguna señal que nos indicara la causa de muerte; sólo llevaba consigo un ticket para el tren, un peine, tabaco para mascar, cigarrillos, y por último un pedazo de pergamino que tenía escrito Tamám Shud”. –Holmes se quedó un buen rato pensando y dando caladas largas a su pipa hasta que al fin yo rompí el silencio y pregunté- ¿Qué significan esas palabras? – A lo que Holmes se apresuró a responder –Es persa, significa… Terminado.

Holmes rápidamente dedujo que se trataba de un libro relativamente reciente, el Rubaiyat de Omar Kahayyam y traducido al inglés por Edward Fitzgerald.

Al llegar a la morgue examiné exhaustivamente el cuerpo del difunto. En lo que pasó el tiempo, la policía ya había emitido un anuncio en el periódico con la foto del hombre y el título del libro, sin mucha suerte, hasta que interrogaron a los cocheros. Uno de ellos afirmó haberlo llevado hasta la estación de tren cercana a la bahía desde Porthminster.  Prosiguiendo con el examen del cuerpo, mi informe indicó que no había una causa aparente de muerte, lo único que había de anormal en el difunto era que su bazo había crecido tres veces la medida normal y que su hígado estaba dañado.

Sherlock estaba obsesionado por dale respuesta al enigma tan pronto como fuere posible, días enteros pasó encerrado en un laboratorio analizando los órganos hasta que de repente entró en la habitación y me dijo que lo acompañara a ver a un viejo colega suyo de la universidad, Otto Liebber.

Al examinar el cuerpo hasta en su más mínimo detalle el doctor Liebber, una eminencia en el área de la medicina, determinó que el sujeto no sólo había sido asesinado sino más bien había sido envenenado. El doctor Liebber fascinado por el descubrimiento del gas de la risa decidió especializarse en el área de la química para hacer medicamentos por lo cual era el más hábil que mi amigo Holmes conocía que podía examinar un cuerpo y decir cuáles eran sus componentes químicos.

Desafortunadamente la respuesta que le dio el doctor Libber a Holmes no le satisfizo en absoluto:  Barbitúrico. El barbitúrico era un nuevo tipo de fármaco que se usaba mayormente para esquizofrénicos y también tenía cierta fama con los hipnotistas por los efectos sedantes en el cuerpo humano, en dosis altas se convierte en un veneno letal que por desgracia desaparece del sistema al cabo de un día y era casi imposible de detectar después de ese periodo de tiempo.

Pasaron los meses y Sherlock no paraba de examinar el cuerpo, cada detalle era más que valioso para él. Un día saliendo de mi consultorio pasé a la morgue donde encontré a mi compañero más que alegre, eufórico, por sus nuevos descubrimientos riendo a carcajadas.

-Watson, ¿cómo envenenarías a un sujeto normalmente?

– Afortunadamente mis pacientes rutinarios no están aquí para escuchar mi respuesta- dije con sarcasmo- No tengo idea, tal vez poniendo veneno en su taza de café.

– ¡Vamos Watson eres doctor, usa tu imaginación! – me quedé pensativo un rato a lo cual la impaciencia de mi amigo me hizo responder precipitadamente.

– ¡Diablos Holmes! Lo inyectaría, pero en el cuerpo no encontramos marca alguna de aguja.

– Es ahí donde te equivocas.

Rápidamente Holmes agarro una enorme lupa y empezó a recitar su lista de hallazgos y sus deducciones.

-Casi imperceptible se nota entre el segundo y tercer dedo del pie derecho una punzada de aguja muy delgada, tanto que casi no dejo marca. Si hubiésemos llegado primero a la escena del crimen, de haber sido posible, hubiéramos notado una ligera diferencia en las huellas que dejaba al caminar sobre la arena. Al caminar apoyaba más el pie izquierdo que el derecho lo que indica que cojeaba. Lo que debió sentir nuestro desafortunado desconocido pudo ser una ligera punzada en el pie, no lo suficientemente profunda para causar un terrible dolor sino nada más una pequeña molestia. Al entrevistar al cochero dijo que cuando entró al carruaje no vio nada malo en su andar, pero cuando interrogué al cajero de la estación donde pensaba tomar el tren, dijo que cojeaba de manera leve. Al revisar sus rodillas y cadera deduzco que este individuo gozaba de perfecta salud y que además la herida fue infligida después de bajar del coche y antes de llegar a la estación.

Después de la plática que tuvimos resolvimos entrevistar más a la gente que lo vio en la estación de tren, los encargados nos dijeron que los vigilantes vieron que llevaba un pequeño maletín al llegar pero que al irse ya no lo traía consigo. El ticket que traía era para el tren que salía a las tres de la tarde del mismo día en que fue asesinado. No tomó ningún tren, en base a esto Holmes dedujo que esperó a alguien para entregar un paquete y que aprovechó su estadía en el tren para comprar un ticket para llevarlo de regreso a Londres, según vimos en el destino marcado en el itinerario del tren.

Debido a que llegó un día antes a la bahía a las 7:00  p.m. según el cochero, se fue de la estación a las 8:00 p.m. y fue asesinado en la madrugada, debió haber pasado la noche en algún lugar.

Holmes dedujo que ya que trataba de pasar desapercibido resolvió que debió quedarse en algún lugar cerca de la estación y de la playa, y que además fuera discreto. Decidimos investigar en varios bares con alojamiento para extranjeros cerca del muelle. Afortunadamente encontramos uno en el cual nos dijeron que efectivamente nuestro hombre había estado alojado ahí, pero con ropa distinta y dejó un nombre evidentemente falso. Al irnos del lugar alcancé a oír lo que el dueño del bar le decía a su inferior “…lo saben, avisa…”

Al día siguiente en mi consultorio recibí el correo matutino con muy malas noticias, el doctor Liebber se había suicidado en una banca cerca de la universidad inyectándose altas dosis de un sedante. La noticia me dejó más que perplejo así que decidí ir a ver Holmes lo antes posible. Al llegar a Baker Street descubrí que no estaba en casa, volví al trabajo con la esperanza de que al volver lo encontraría.

Llegando a la habitación esa misma tarde encontré a mi amigo en el sillón con múltiples golpes en el rostro y el cuerpo, y con su disfraz aún puesto.

– ¡Por Dios Holmes!, ¿qué te ha pasado? – me apresure a examinarlo en lo que me respondió.

– Seguro te enteraste del asesinato de Liebber, lo sé porque dejaste el periódico que te llega a la oficina encima de la mesa cuando viniste a verme luego de que te enteraste.

– De acuerdo con el periódico fue un suicidio.

– ¡Patrañas!

– ¿Cómo estás tan seguro de eso?

Fue ahí donde me empezó a contar su laborioso día.

“Después de visitar aquel muelle pensé en cómo podría alguien entregar un paquete en una estación de tren sin ser visto, resolví que como nadie había visto a algún acompañante con nuestro desconocido debió esconderlo en algún lado. Fui a la estación y encontré algo muy peculiar, mi red de espías me informo que muchas veces se utiliza gente para entregar los paquetes que la gente no quiere entregar personalmente, así pues, me acerque a un grupo peculiar de niños pobres, con mi disfraz puesto, que ayudan a los viajeros a llevar sus maletas pesadas hasta los carruajes a cambio de propinas. Entrevisté a uno que me dijo que se le acercó el hombre desconocido y le pagó para que ocultara el paquete justo detrás de una banca de la estación y esperara a ver a un hombre con bastón en la noche para decirle donde estaba. Efectivamente pasó y el niño le entregó el paquete a lo que el hombre con una gran sonrisa le dijo que entregara dos cartas, una para el muelle donde se hospedaba nuestro desconocido y otra… para la residencia del doctor Liebber.”

“¿Cómo no pude sospechar de Liebber? Como era de suponerse fui a ver al doctor a la universidad, pero me dijeron que no se encontraba ahí por lo que tuve que usar mi disfraz de nuevo para infiltrarme en su oficina. En lo que estuve examinando su área de trabajo encontré el libro de donde habían salido las palabras persas justo debajo del cajón. El libro estaba rayado hasta más no poder, subrayaba y circulaba letras y oraciones. Las páginas tenían fechas en la parte de arriba, pero ninguna fecha tenía una secuencia exacta. Hasta que recordé que a Otto le gustaba viajar desde que lo conocí en la universidad por lo que puse un mapa de Londres y marqué las estaciones, no solo de trenes, sino también de autobuses, aviones, barcos y todo aquel medio por el cual pudiera salir del país, descubrí que cada oración sin sentido estaba compuesta por las iniciales de las estaciones y nombres de lugares que marcaban un punto de reunión, lo corroboré porque en la última página marcada venía indicado el lugar del asesinato del hombre desconocido, pero, ¿qué era lo que Otto entregaba?”

“Recordé de pronto el momento en el que examinó el cuerpo, ¿cómo era posible que, aunque nosotros revisamos el cuerpo no pudimos hallar la respuesta durante días y el en uno solo dio en el clavo apuntando al Barbitúrico? Debió haber estado familiarizado con el veneno. Usé su laboratorio, que tenía una entrada desde su oficina. Obviamente fui a la morgue para traer un pedazo de hígado, agregué unos mililitros de barbitúrico y vi como reaccionaba. El resultado fue que no se parecía al hígado del desconocido, tenía cierta similitud con lo que podría haber engañado a muchos, pero simplemente no se veía igual. Concluí que al desconocido lo habían envenenado con otro tipo de veneno, más potente y lo más preocupante, casi indetectable.”

“Continué examinando el libro en busca de otra cosa peculiar y encontré que había una página anexada donde tenía una dedicatoria. Justo en medio del libro había una carta en la que le dedicaba a Otto el poema de la página siguiente. La carta estaba firmada con el nombre de Jestyn”. En un principio descarté la pista ya que la consideré sin importancia, pero al momento de que dejaba el papel encima de una pila de libros vi a contra luz que tenía otro mensaje oculto. Coloqué el papel cerca de la ventana para que le diera más luz y logré ver unos signos: ¡era la fórmula!  Al retirar el papel de la luz quedé maravillado, pero al mirar por la ventana logré divisar a un individuo peculiar que tenía su mirada fija en el laboratorio y que jugueteaba con un bastón con pomo de mármol. Según había visto a la entrada en una foto enmarcada era el decano de la universidad.”

“Decidí llevarme el libro y ocultarlo.”

“A la mañana siguiente pasé de nuevo a la universidad donde me dijeron que Otto seguía sin aparecer así que resolví entrar en el laboratorio de nuevo para ver qué más podría encontrar. Ya casi terminaba mi labor de examinar cada centímetro del lugar cuando escuché unos pasos afuera de la oficina. Entraron dos individuos de gran tamaño, por el bulto que tenían en su saco deduje que estaban armados. Resolví salir con mi disfraz puesto y proceder a inventar una historia que explicara por qué estaba ahí pero desgraciadamente no funcionó.”

“-Sabemos que es usted el señor Sherlock Holmes, nuestro jefe nos mandó para quitarle lo que usted ha robado. – A lo que yo respondí- Se han equivocado caballeros, yo no he robado absolutamente nada, pueden examinarme si prefieren, pero en mis bolsillos no encontraran nada, reitero:  compruébenlo si gustan.”

“Ambos hombres se me acercaron, mientras uno me apuntaba con un arma el otro empezó a revisar el cuarto y a saquear los cajones, a mover los libros y a desgarrar la silla. Mientras tanto miré a mi zapato con una cara falsa de preocupación, mi adversario supuso que tal vez ocultaba algo en él y cuando desvió la mirada procedí a tomar la porra de su cinturón y a darle un fuerte golpe en la mano, que lo dejo desarmado, y otro en el rostro, que lo dejó aturdido. Al momento de volverme hacia el otro sujeto éste se me adelanto y me derribó, intenté esquivar algunos, hasta que por fin logré darle un golpe con la porra en las costillas y otro en la cabeza.”

“No pude sacarles mucha información a mis atacantes, habían sido contratados para robar un libro en especial, el que yo tenía de Otto. Habían venido al laboratorio ya que Otto no estaba en su casa, lo que me indicaba que tal vez se estuviera ocultando o algo mucho peor. Cuando les pregunté quién los había contratado dijeron que no le vieron la cara, les dio un sobre con una carta con instrucciones y dinero.”

“Yo sabía dónde hallar Otto, sólo había un lugar en el mundo en donde él se ocultaba, lo descubrí cuando estábamos en la universidad.”

“Justo en el Museo de Historia Natural encontré a mi amigo Otto en una de las salas de botánica, más apartado de la muchedumbre.”

“-Perdóname Sherlock. Sé que has pasado por mucho para descubrir la verdad del incidente. Te prometo que yo no tuve nada que ver con la muerte del sujeto era lo que menos pensé que pasaría.

-Otto, ¿qué es lo que has hecho?”

Después de un largo silencio me respondió: “Mi padre, un alemán conservador, era miembro de un grupo creado por el gobierno alemán destinado para el área de investigación y diseño de armas para operaciones secretas en Europa y Occidente. Desgraciadamente yo, como su único hijo, fui criado para continuar el trabajo de mi padre en favor del grupo. Al principio, después de salir de la universidad y de haber muerto mi padre me llegaban cartas anónimas que me invitaban a seguir con el grupo, pero por largo tiempo me negué, hasta que conocí a Jestyn. una chica inglesa muy sencilla y muy astuta a la hora de trabajar como científica. Nos enamoramos, pero no nos casamos, vivíamos juntos y disfrutábamos de la lectura, a ella el fascinaban los poemas y cuando tuve dinero suficiente le compré una colección completa de libros de poemas.

Un día llegué a casa y ella no estaba, revisé todas las habitaciones y no había señal de ella, hasta que fui a nuestra alcoba. Encontré una carta escrita en alemán en la que me amenazaban y decían que ella representaba su seguro para que yo hiciera lo que me solicitaban. Paso el tiempo y llegó a mi casa un sujeto americano, lo supe por el acento, que dijo que lo enviaron para que él recibiera los paquetes y los entregara ya que sin tener que hacerlo yo ya que estaba ganando popularidad en la universidad.  Lo reconocí en cuanto me lo trajiste era el sujeto misterioso de la playa. Ahora que se deshicieron de él no sé qué harán conmigo.”. – Después de una pausa le pregunté. – ¿Qué era lo que les enviabas Otto? – A lo que me respondió- Un nuevo tipo de veneno, cada cierto tiempo me perdían pequeños paquetes para enviárselos por distintos medios, pero ahora en una nueva carta me pidieron la fórmula, sabía que no podría dársela a ellos así que escapé.”

“Al irme del museo y aconsejar a mi amigo Liebber de ocultarse salí para recuperar el libro que oculté. De camino a casa leí los periódicos así que fui primero a la morgue y revisé el cuerpo de mi desafortunado amigo. Descubrí el mismo agujero en su pie, aunque esta vez más marcado, lo del Cianuro era una farsa para ligar su asesinato con el del hombre de la bahía.”

En ese momento alguien llamó a la puerta. Al deslizarse hacia la luz de la habitación vimos que era Microft, el hermano mayor de Sherlock.

– ¿Qué haces aquí? – preguntó Sherlock

– Buenas noches a ti también hermano- Dijo con sarcasmo- Primero que nada, he venido por lo que has tomado de la oficina del difunto doctor Liebber.

Sherlock se negó rotundamente a admitir que había tomado la fórmula del doctor junto con el libro por lo que le reclamó a su hermano que le dijera qué tenía que ver el gobierno británico en los incidentes.

-Para empezar hermano mío, es una pena que te veas involucrado en esta situación tan negativa y pido disculpas por eso. Empiezo, todo comenzó con las sospechas que se tenían hacia el doctor Liebber por la historia de su padre en un grupo conservador extremista alemán, aparentemente este grupo fue disuelto por el gobierno, pero inteligencia descubrió que sólo lo habían contratado en diversas ocasiones ya que el grupo estaba conformado por diversos científicos excepcionales y además se encargaban de infiltrarse en las instituciones extranjeras. Ya que Liebber creció y estudió mayormente en Inglaterra sólo estaba bajo vigilancia, hasta que sucedió lo de su pareja. Nuestros agentes la contactaron cuando iba saliendo del país escoltada por dos hombres, cuando la interrogamos encontramos que no recordaba la mayor parte de lo sucedido, de hecho, en el momento no recordaba quién era así que la llevamos a un hospital para vigilarla. En cuanto a Otto, un agente infiltrado en Alemania se ofreció a ser el ayudante de Otto para recibir los paquetes. Funcionó por un tiempo, teníamos a Otto vigilado y descubrimos la red por la cual se infiltraban los alemanes para hacer sus envíos, y logramos infiltrar poco a poco a nuestra gente, en muelles, por ejemplo, pero desgraciadamente nuestro agente fue descubierto. Recibió una carta por parte de un desconocido, una palabra en persa Tamám Shud. A la mañana siguiente nuestro agente fue encontrado muerto.

-Desafortunadamente hermano- dijo Sherlock- Yo no tengo la fórmula, sólo el libro, y el libro lo envié a la policía-.  Microft sabía que Sherlock mentía, pero aun así no se opuso al curso que tomaban los eventos.

-Es una lástima que como dijiste hermano, la fórmula se haya quemado. Dijo Microft. – ¿Hay algo más que quieras agregar?

– Encontrarán al decano de la Universidad donde trabajaba el doctor  Liebber, en el bar en donde se hospedaba su agente, está atado a una silla e inconsciente. – Dijo Sherlock .

– ¿Algo más? – preguntó Microft.

– ¿Qué pasó con la pareja de Liebber? – preguntó Sherlock, a lo que Microft contestó- Ha recuperado gran parte de su memoria, pero la convencimos de iniciar una nueva vida con otro apellido, por protección, y también de guardar silencio.

Dicho eso Microft se retiró.

Sherlock sacó un bastón con pomo de mármol de detrás del sillón y se acercó a la ventana.

– ¿De dónde sacaste el bastón? – pregunté

– Es un artefacto interesante- dijo mientras lo hacía girar- Ésta es el arma homicida Watson.

Al principio permanecí incrédulo pero mi amigo prosiguió. – Te parecerá un bastón normal a primera vista, pero cuando aplico presión al pomo sale una aguja pequeña del otro extremo. Cuando examinamos los zapatos del sujeto de la bahía no encontramos nada a simple vista pues la aguja había entrado por las perforaciones decorativas de su zapato, pero con Liebber la historia cambió. El bastón tiene un depósito donde almacena el veneno, muy ingenioso. Fui a visitar al homicida luego de ver el cuerpo de mi amigo en la morgue, sabía que se acercaría a mí, luego de verme rondando en la universidad, así que dejé que lo hiciera. Acto seguido fingí dormirme en una banca, lejos de la multitud y él, como preví, se me acercó. Tomé su bastón por sorpresa y lo aparte de él para luego dejarlo inconsciente apretando su nervio vago.

Es una maravilla Watson, imagina que tan probable es asesinar a un hombre sin dejar rastro alguno con un simple bastón y una aguja. –terminó.

-Aún sigo pensando en la desafortunada pareja de Liebber- mencioné- Es una lástima.

Sherlock, nostálgico, saco de su bolsillo un papel perfectamente doblado, se acercó al fuego y lo dejó caer en las flamas. – Si…es una lástima.

Hasta el día de hoy nadie pudo resolver el misterio de la bahía de Carbis. Debido al libro que Sherlock dejó en el carruaje del cochero que llevó al hombre sin identidad, sabiendo que la policía finalmente lo encontraría, muchos aficionados han tratado de resolverlo. Sherlock tuvo que mentir sobre el caso para proteger el honor de Liebber. En cuanto a su pareja, se dice que se ha visto a una mujer, acompañada de un niño que siempre deja una rosa en la playa en la madrugada del día en que fue encontrado el cuerpo de aquel hombre sin nombre, muchos especulaban que era la mujer del hombre misterioso, pero tanto Sherlock como yo sabíamos que la dejaba ahí porque ahí fue donde el misterio comenzó.

Fin

Anuncios

Diario de un viajero: Escarabajos

kkk

Recuerdo que a mi padre le gustaba la entomología, era una de sus áreas de estudio favoritas, decía que los escarabajos e insectos eran más interesantes que los humanos. Me contaba todo tipo de curiosidades sobre estos maravillosos seres de las cuales muchas parecía que las sacaba de un libro de fantasía. Por ejemplo: Las hormigas Saifu, de nombre científico Dorylus, es uno de los insectos más peligrosos del mundo, no por su veneno sino por su gran tamaño y fuerza. Las hormigas Saifu habitan principalmente en África y viven en colonias que llegan a tener 20 millones de individuos, son famosas por su fama de devorar animales enteros como cebras pequeñas. Su método de matanza es la asfixia.

Hubo un caso en el que un anciano inválido africano que iba explorando varios terrenos se topo con una columna, hogar de estas hormigas hecha por ellas mismas, llegan a medir más o menos un metro. La columna estaba cuidadosamente oculta detrás de unos matorrales. El anciano que llevaba su machete para apartar la maleza no vió la columna sino hasta después de golpearla accidentalmente con el machete. Las hormigas al contrario de lo que se esperaría de un animal salvaje reaccionaron de manera organizada, primero se dispersaron para engañar al anciano, y luego volvieron por la espalda trepando por sus piernas. La naturaleza es increíblemente inteligente, decía mi padre, y muchas veces aterradoramente astuta. Las hormigas, con experiencia en la caza de animales, atacaron los tendones de Aquiles de los pies del anciano, imposibilitando le la huida. El muy desafortunado hombre cayó cual Torre de Babel, pero eso no terminó ahí.

Los demás exploradores decían que escucharon los gritos del anciano pero que después de unos minutos estos se silenciaron abruptamente. Cuando lo encontraron el pobre anciano había sido devorado desde dentro hacia afuera por las hormigas. Las hormigas se metieron en su boca a montones impidiendo le respirar, después que de dejó de moverse éstas disfrutaron del festín. Ciertamente el mundo de los insectos era muy interesante pero en lo personal para mi era pertutbador.

Cierta vez fui invitado a participar en una insólita expedición en el desierto del Sahara. La Universidad había tenido la suerte de contar con los mejores arqueólogos de ese entonces a pesar de que estaba teniendo problemas con el financiamiento de sus proyectos. Varios eruditos egiptólogos informaron que habían realizado un hallazgo excepcional: habían encontrado un templo antiguo enterrado en el desierto.

Al escuchar las noticias la Universidad se maravilló del hallazgo pero por precaución no publicó ningún articulo o informe sobre el asunto. Se rumoraba que había varios caza fortunas y contrabandistas infiltrados en muchas expediciones en ese entonces, por lo que procuraba mantener todo en secreto. Pero los contrabandistas no fueron el mayor de los problemas de la Universidad y la expedición.

Por medio de una carta Anthony Carter, el encargado de la expedición solicito a la Universidad mi participación. El director de la Universidad solo me puso al tanto de los mayores acontecimientos que perturbaban a el equipo de exploración. Al parecer, varios de los trabajadores egipcios contratados para la excavación habían contraído una rara enfermedad que les afectaba el cerebro, varios de los miembros habían fallecido lamentablemente. Las autopsias revelaron que había algo dentro del templo que se introdujo en el cuerpo de los trabajadores y que lentamente les fue carcomiendo el encéfalo pero ninguno de los doctores sabía lo que era. El estudio de la enfermedad revelaba que, fuera lo que fuese, se infiltraba en el organismo, de alguna misteriosa forma, y llegaba justo al cuerpo calloso del encéfalo, se implantaba en él pero no lo devoraba, al parecer lo que hacía era establecerse ahí nada más. Luego empezaba devorando los nervios ópticos por lo que el individuo quedaba ciego paulatinamente, luego continuaba por devorar el lóbulo frontal, dependiendo de la parte por la cual empezara el individuo presentaba pérdida de la función motora, pérdida del habla, cambios o pérdidas de las funciones emocionales y demás. Si empezaba por el lóbulo parietal también había perdida de memoria. Gracias a esto corrió el rumor de que el templo estaba maldito y los ignorantes trabajadores empezaron a divulgar que quien entraba ahí en lo profundo del tempo terminaba por volverse loco. La enfermedad carcomía el cerebro de manera irreversible hasta que el sujeto moría pero por alguna razón el sujeto tardaba días en morir, a veces hasta meses, no había un periodo fijo, era como si la enfermedad lo mantuviera vivo hasta que se hartase. Los pacientes presentaban un dolor indescriptible a medida que la enfermedad les iba comiendo el cerebro, decían que era como si les “rasparan” con un cepillo que tuviera cerdas puntiagudas de acero caliente.

Terminé por aceptar la invitación para visitar a los pacientes de la expedición, principalmente motivado por mi curiosidad como médico, un caso extraño y sin explicación aparente me motivaba.

Varias semanas después logré enviar un telegrama desde la ciudad de Luxor a la Universidad informando que ya estaba cerca de mi destino. Aproveché para hacerme con varias especias sumamente difíciles de conseguir en mi ciudad natal, y para informar a la Orden de mi llegada. Claro que era mi deber informar sobre estos casos a la Orden. La Orden me proporsorcionó un guía que me advertiría de los peligros que pudieran presentarse en mi viaje al desierto. Acordé verme con él en un tranquilo café cerca del centro de la ciudad.

Pasaron dos tranquilas horas antes de que mi guía especial, Asim, pudiera reunirse conmigo. Al llegar disfrutamos de una buena charla y de un café extravagante,pero la hora antes de mi partida la dedicamos a hablar de lo importante de mi viaje. Asim me contó que la existencia del templo ya era conocida por la Orden y que había fallado en mantener el templo en el olvido, lo cual les preocupaba. Ciertamente, deduje que sabían a quién pertenecía el templo, por lo demás, Asim me dijo que los maestros estaban encantados de que fuera yo a intervenir en la expedición, sabían de mi habilidad especial y por eso no temían que fuera a fallar en proteger a nuestro plano material de algún inconveniente que pudiera provenir de dentro del templo. Asim sacó un libro antiguo envuelto en unos harapos y me leyó un pasaje.

El templo antiguo perteneció al líder una antigua orden sacerdotal que intervino secretamente en las actividades religiosas y políticas durante el periodo del Imperio Medio de Egipto, se sabía que mientras la economía estaba en su máximo esplendor éste líder conseguía dinero del comercio de especias pero también sacaba provecho para conseguir ciertos elementos que eran difíciles de conseguir en aquella época. Su nombre era “Tau” que significa león, era una especie de alquimista que unía su ciencia con la religión y la política. Él creía que los elementos químicos que proveía la naturaleza eran la clave de la elevación espiritual y la evolución del hombre y por lo tanto trataba de ascender espiritualmente por medio de ellos. Al cabo de un tiempo se supo de sus rituales profanos en su templo y aunado a esto se supo que era simpatizante de uno del emperador de Egipto anterior a Amenemhat I, algunos textos que Asim tenía decían que Tau había descubierto un elixir que permitía prolongar la vida y que él lo había comentado con el emperador. Cuando Amenemhat I da su golpe de estado y toma el poder manda matar a sus enemigos para aplicar sus reformas, también se encarga de desaparecer a Tau. Se dice Amenemhat I no estaba de acuerdo con las ideas políticas de Tau aunque lo cierto es que Amenemhat I no estaba de acuerdo con la magia de Tau, según los textos antiguos era muy apegado a sus creencias por lo que no quiso permitir que Tau alargará la vida de manera no natural. Quemaron su templo con grandes antorchas, envenenaron a sus seguidores y a otros los mataron con flechas, quemaron sus libros. Al final varios soldados exploraron los pisos inferiores que estaban enterrados bajo las arenas en búsqueda de Tau pero lo que oyeron los generales no fueron más que gritos. Decidieron abandonar a los soldados pensando que Tau les había puesto una maldición o asesinado con sus hechizos, derribaron las columnas con caballos sellando para siempre la salida. Con el tiempo fue enterrado bajo la arena. A decir verdad poco se sabe de sus habilidades místicas, como en el caso de Rasputín, se sabe más de su faceta de comerciante y política que de su habilidad con los espiritual. La Orden aún así vigilaba el sitio de su tumba por precaución.

Después de la charla prometí a Asim que después de intervenir en la expedición mandaría mis observaciones.

Así pues, me puse en marcha con mis escoltas hacia el sitio de la excavación. El viaje era un poco largo así que me proporcionaron un camello. Era la primera vez que me montaba a uno, me decían que eran unos animales muy astutos, a mí en lo personal me gustaban por sus mecanismos de supervivencia respecto a su ambiente. Los camellos tenían dos “estrategias”, la grasa que acumulaban en sus jorobas retenía los líquidos que ingerían por lo que podían resistir a su caluroso y seco ambiente por mucho tiempo sin deshidratarse. El otro mecanismo era el de los ojos, los camellos tienen un doble párpado, uno es el grueso que vemos siempre, pero el otro está por debajo del primero, es como una sub-capa que les protege mejor los ojos cuando llegan las tormentas de arena. Mi fascinación acabo cuando me acerqué demasiado a la cara de uno y me lanzó un enorme escupitajo. Mis acompañantes no pararon de reírse durante largo rato.

Después de horas de una jornada calurosa bajo el sol del desierto llegamos al sitio de la excavación.

Diario de un viajero: Máscaras

Diario de H.P. Dalton 21/12/24

Después de la gran guerra proseguí con mi cacería en busca de espíritus en los lugares más inhóspitos de los que lograba obtener noticias, aunque la guerra me había distraído de mi labor como investigador del mundo oculto mi curiosidad no se detenía.

Hubo una ocasión en la que mi fama como investigador resonó hasta uno de los lugares más curiosos con los que me haya topado, la sencillez y pasividad del mismo a simple vista contrastaba con las historias que se contaban del lugar.

Después de recuperarme de mis heridas que me dejó la Gran Guerra me dediqué un tiempo a ayudar a los hombres que habían estado bajo mi mando durante las batallas. Uno de mis ex subordinados había acudido a mí para que le curara las secuelas mentales que le había dejado la guerra, mi compañero aún tenía terribles pesadillas de sus vivencias ocurridas, recuerdos de sus pecados que le acosaban cuando la noche llegaba. Me encontraba practicándole una sesión de hipnosis cuando mi mayordomo Bennett me entregó una carta de un remitente de extraño nombre: Kurosawa.

-¿De dónde viene la carta Bennett?- Le pregunté.

-No sabría decirle, me la plantaron en el bolsillo cuando recorría el barrio chino comprando sus especias, señor.- respondió Bennett-.

Al terminar la sesión de hipnosis de manera exitosa despedí a mi compañero con una amable sonrisa y con la seguridad de que las pesadillas se habían acabado y además, le entregué una bolsa de cuero con un té especial para los posibles dolores de cabeza. Después me dirigí a mi estudio para abrir la extraña carta. Al leer las páginas me entere, con una gran sorpresa, que mis servicios eran requeridos en Japón, en un pueblo llamado Aokigahara. La remitente me informó de los trágicos sucesos que tenían lugar en ese pequeño pueblo que se habían intensificado en los años recientes, numerosos suicidios se perpetraban dentro de los oscuros recovecos del bosque en su mayoría eran de jóvenes y ancianos, además de desapariciones de varios niños de los pueblos cercanos. La gente murmuraba que en noches de luna llena se escuchaban las voces de las personas desaparecidas e incluso de las que se habían suicidado. Muchos padres de familia que habían perdido a sus hijos en el interior del bosque se adentraban en su búsqueda, algunos regresaban pero otros no tenían la misma suerte. Una de las madres, según el remitente de la carta, comentó que en la madrugada escuchó la risa de su hijo dentro del bosque, la misma risa que emitía cuando lo bañaba o cuando jugaba en la casa, provenía de dentro del bosque. La madre se adentró desesperadamente en el bosque con el corazón latiendo sin cesar pero a medida que iba corriendo el camino parecía desaparecer hasta que en determinado punto desaparecía completamente. A medida que avanzaba, la vegetación iba cambiando, de pronto se encontraba rodeada de plantas que jamás había visto en su vida, pero no se detuvo. La risa se seguía oyendo pero no como antes, al entrar al bosque la escuchaba en un punto fijo pero ahora que estaba adentro parecía que cambiaba el punto de emisión. De pronto la risa se transformó en llanto, un llanto inconsolable y después en gritos. La madre desesperada no sabía adónde correr cuando de entre las ramas de un árbol empezaron a brillar los rayos de la luz del sol, fue entonces cuando los llantos cesaron.

Interesado por la historia resolví darle una visita al pueblo japonés, no sin antes realizar una exhaustiva investigación preliminar sobre el folclore japonés. Días después me adentré al barrio chino para visitar a una adivina que me pudiera orientar, si era posible, sobre la cultura japonesa. Aunque popularmente es conocido como “barrio chino” también se podía encontrar a varios otros individuos con casi los mismos rasgos faciales que eran de distintas nacionalidades, había tailandeses, taiwaneses, coreanos y, por supuesto japoneses. Al ser recibido por Hana, la adivina del vecindario y una íntima amiga, y hablarle del problema del pueblo de Aokigahara accedió a dejarme leer uno de sus compendios sobre protección contra los demonios japoneses, sin embargo ella desconocía lo que pudiera estar causando las tragedias de Aokigahara. Me despidió al terminar el día no sin antes advertirme de los peligros que podría enfrentar en mi viaje.

Pasé los siguientes tres meses preparándome para mi investigación hasta que por fin conseguí un barco que desembarcaba en el puerto de Yokohama, un puerto bastante cerca del lugar al que me dirigía. Tardé cuatro meses en llegar a mi destino.

Al llegar al puerto me recibió un carruaje sencillo. No esperaba que estuvieran tan bien informados mis destinatarios de mis cartas ya que, a pesar de que había estado informándoles por cartas sobre mi itinerario no esperaba que las cartas les llegaran antes de lo que yo lograra tocar puerto en japón. Les mandaba las cartas, cada que tocábamos puerto, a mi mayordomo Bennett , él pasaba las cartas al contacto en el barrio chino de nuestro país para que al final éste enviara las cartas a la persona que me contactó desde Aoigahara. Al subir al carruaje aguanté un tedioso y largo viaje pero valió la pena por los hermosos paisajes que veía.

Sabía que el bosque de Aokigahara estaba situado al noreste de la base del Monte Fuji. El bosque se había formado después de las erupciones del Monte Fuji entre los años 800 y 1083. Como se sabe, el suelo afectado por las erupciones volcánicas después de un tiempo se vuelve uno de los suelos más fértiles, y por lo que yo sé hay una gran cantidad de energía en estas zonas. Los brujos de muchas culturas aprovechan la vegetación para crear sus pociones y menjurjes y los herbologístas aprovechan para estudiar las plantas que nacen de la devastación.

Al llegar a Aokigahara me recibieron las personas del pueblo, a pesar de su infortunada situación eran unas personas muy amables y muy educadas. Lamentablemente mi japonés en ese entonces era muy pobre pero lograba entender algunas palabras. Me llevaron a conocer a la remitente de la carta que recibí muchos meses atrás. Resultó ser una anciana que a pesar de su edad gozaba de una envidiable salud y afortunadamente hablaba mi idioma a la perfección, se ofreció a ser mi traductora durante mi estadía . La anciana que respondía al nombre de Akiko, me habló de lo sucesos que habían ocurrido en el periodo de mi partida de mi país y mi arribo a Japón. Los suicidios y las desapariciones habían seguido ocurriendo pero algo muy extraño había pasado tres semanas antes de mi llegada: De pronto se detuvieron.

La gente del pueblo se regocijaba de alegría al descubrir que las desapariciones y suicidios habían dejado de ocurrir; tanta era la alegría del pueblo que decidieron realizar un festival en celebración, tenían todo preparado para celebrarlo y lo habían programado para un día despues de mi llegada. Al preguntarle a Akiko sobre porqué lo habían pospuesto para ese día en especial ella me dijo que era porque algunos creían que mi presencia había ahuyentado al mal que los atormentaba, otros no opinaban lo mismo pero creían que mi llegada era un buen augurio. Al recibir la noticia solo pude enfocarme en Akiko que me miraba como si estuviera escudriñando mis pensamientos.

Akiko me invitó a quedarme en uno de sus cuartos para huéspedes, ahí pude descansar del tan largo viaje por unas horas. Al caer la noche uno de los nietos mayores de Akiko fue a buscarme. Me escoltó hasta el cuarto de su anciana abuela y encendió varias velas para que pudiéramos vernos. Deduje que por la poca luz que estaba encendida no querían que el pueblo se enterara.

Akiko comenzó a hablar. Ella sabía que el que los extraños sucesos se detuvieran no significaba que la situación había terminado para siempre. Le conté a Akiko que yo tampoco lo creía así, le hablé sobre mi habilidad especial. Akiko dudó al principio pero luego procedí a demostrárselo, me quité los guantes y le toqué la frente. Dentro de los recuerdos de Akiko pude invocarle un recuerdo feliz de ella cazando conejos con su padre.

Fascinada por mi habilidad procedió a contarme lo que ella había visto en el pueblo que no le había contado a nadie más.

Cada noche cuando todos duermen ella puede ver por la ventana de su cuarto varias personas que caminan por los senderos del pueblo. Al escuchar que los había visto saqué mi libreta para tomar notas. En sus propias palabras: ” Cada noche, aproximadamente después de las doce vienen del bosque (…) Ellos están cubiertos por capuchas negras y los pies los tienen atados con hilos rojos, un extremo esta atado a sus pies pero el otro se adentraba en el bosque. (…) Al verlos la primera vez me asusté mucho, pero aunque quise gritar con todas mis fuerzas no podía, de hecho, ahora que recuerdo, no se podía escuchar ningún sonido, ni el grillar de los grillos, ni el sonido de las ramas de los árboles al ser movidos por el viento. (…) Seguí viéndolos dos semanas sin saber qué era lo que hacían, me aterraba salir a averiguarlo, pero luego recordé que a mi padre odiaba a los cobardes, puede ser que haya invocado ese pensamiento para agarrar valor, así que decidí salir una noche, llevaba conmigo un cuchillo. (…) Para mi sorpresa cuando salí no había nadie, ni uno solo de ellos, primero pensé que se habían esfumado hasta que miré abajo, miré los hilos. (…) La piel se me puso blanca y el frío invadió mi cuerpo. Seguí uno de los hilos hasta la casa de una de mis hijas. Agarré valor para seguir el hilo dentro de su oscura casa. El hilo llegaba hasta su cuarto, no sabía que hacer así que decidí escuchar desde el otro lado de la puerta y… lo que oí….¡fue espantoso!.”

Muchos meses atrás el yerno de Akiko había desaparecido del pueblo, mucha gente pensó que estaba de viaje, pues era comerciante, pero al pasar el tiempo los mismos clientes mandaron cartas preguntando por él. La gente del pueblo comenzó la búsqueda por distintos lugares hasta que decidieron entrar de nuevo al bosque. La gente que se aventuró a buscarlo le relató a Akiko que habían dado con él debido al olor y al ruido de las moscas, le relataron a Akiko que al encontrar a su yerno el zumbido de las moscas que se acumulaban en los ojos y la boca de su yerno era ensordecedor. Fue encontrado dentro del bosque colgado de un gran árbol, el yerno se había suicidado.

“Yo nunca lo había oído hasta aquella noche (…) el (…) zumbido. Por muy extraño que pareciera no oía nada más, ni mi respiración, ni el viento, solo el zumbido de las moscas. Me atreví a mirar empujando un poco la puerta. Era mi yerno vestido de negro con capucha. No se le veía la cara porque lo estaba viendo de espaldas, solo veía a las moscas volando al rededor de él. Cuando me acerque un poco más pude oír que le estaba susurrando a mi hija, cosas sumamente horribles. Mi hija no se despertaba pero yo podía ver su cara que expresaba una profunda tristeza, ese no podía ser mi yerno pensé, él nunca le diría esas cosas tan horribles a su amada esposa. Así que decidí entrar, empuñe mi cuchillo con fuerza como si estuviera cazando de nuevo con mi padre y pateé la puerta. (…) El sujeto de negro se volteo lentamente para mirarme (…) lo que vi nadie me lo creería más que usted si me volviera a tocar.” -¿Qué fue lo que vio?- pregunté “Era la cara de mi yerno, pero estaba horriblemente deformada (…) no tenía los parpados, como si se los hubiesen cortado con precisión, a consecuencia de esto los ojos estaban rojos y casi secos puesto que no podía cubrirlos y pareciera que (…) la piel de su cara fuera estirada por detrás de la cabeza, y tenía la boca abierta como si estuviera llorando siempre pero aún se veían centenares de moscas saliendo y entrando de su boca. (…) Después de verme fijamente gritó (…) me maldijo de mil formas pero después se esfumó. Parecía que alguien había jalado el hilo rojo que tenía atado al pie, como si el hilo rojo fuera la cadena que lo mantenía como esclavo. Mi hija no se despertó así que yo corrí para afuera de la casa, quería ver si el amo de ese espíritu estaba aún ahí, y (…) tuve suerte, (…) él estaba ahí. Era un ser enorme con una máscara roja, cuernos y vestido con pieles. Él estaba gruñendo como si fuera un animal, pero tenía forma humana, estaba jalando con furia los hilos rojos para que todos los espíritus volvieran a él. Lo mire fijamente por un rato, no podía creer lo que mis ojos veían, no podía creer que nadie oyera su incesante gruñir de animal. Después de un rato pude volver a controlarme y quise salir corriendo de vuelta a mi cuarto pero no pude (…)”. -¿Porqué?- pregunte. “Al darme media vuelta (…) estaban todos ahí (…) ¡todos!”. Sollozó un rato hasta que creí prudente preguntar- ¿Quiénes son “todos”?- ” Todos los desaparecidos (…) ¡estaban ahí!, ¡viéndome fijamente con sus caras igual de deformadas que la de mi yerno!, ¡Se reían de mí! (…) ¡Se reían!.”

Después de un rato continuó- “Al día siguiente desperté en mi cuarto, no sé cómo llegué ahí. Pregunté a todos mis conocidos si habían oído las moscas o el gruñido pero ninguno lo había oído. Luego mi hija me visitó y me dijo algo que me alegró.” – ¿Qué le dijo?- pregunté. “Me contó que habían pasado varias noches desde que su esposo murió que sentía una tremenda tristeza, supuse que el espíritu le había estado hablando desde entonces, luego me dijo que desde la noche anterior ya no había sentido ninguna tristeza en lo absoluto. No entendí la razón pero supongo que tuvo algo que ver con lo que hice la noche anterior. ¿Qué opina usted?”

Luego de oír la historia me quedé un rato digiriendo los datos tan fantásticos que Akiko me contó, jamás había escuchado de un suceso similar, claro que tenía varias ideas de lo que podrían ser esos seres pero cada una me mis hipótesis me aterraban, sobretodo porque cabía la posibilidad de que fueran acertadas.

Le dije a Akiko que mis conclusiones al tiempo que su nieto nos traía té: “Durante mis anteriores investigaciones me he topado con varias clases de entidades de las cuales he aprendido mucho. La mayoría de las veces las almas de nuestros seres queridos se quedan en nuestro plano material debido a asuntos sin terminar o, a veces, porque cuando fallecieron estaban vibrando en una emoción sumamente negativa y cuando regresan a nuestro plano esa emoción, lamentablemente, los domina por completo. (…) Este bosque tiene una influencia sumamente enorme sobre la gente que entra en él. Lo que hacen estos espíritus al regresar a su aldea es hablarles en las noches, como su yerno a su hija; estos espíritus les susurran palabras que los hacen sentir mal, los atraen a su campo de vibración negativo. De alguna manera hacen que se sientan atraídos por el bosque para que entren ahí y se quiten la vida.”

Akiko creyó la mayor parte de mi hipótesis pero le surgió una duda que en ese momento no pude contestar. ¿Quién era el de la mascara demoníaca que tiraba de los hilos?.

Después de una noche sin dormir me levanté muy temprano, tan pronto como el sol salió alumbrando los caminos y veredas del pueblo. Decidí ayudar a los aldeanos a terminar las preparaciones del festival, ayudé a preparar algunos platillos al tiempo que aprendía como prepararlos y me permitieron intervenir en la preparación del mikoshi, un tipo de carroza en el cuál se transporta la imagen de una deidad, en este caso se trataba de agradecer a una deidad de la naturaleza, “Kami”, el cual se llama Inari Ōkami, la deidad japonesa de la fertilidad, el arroz, la agricultura y los zorros. La gente del pueblo quería agradecerle a esta deidad por la buena cosecha de arroz que se había dado en las recientes semanas ya que les había traído mucha prosperidad. Por mi parte me acoplé a los demás del pueblo para hacer juntos la peregrinación por todo el pueblo. Mientras llevábamos cargando el mikoshi Akiko, que estuvo a mi lado en todo momento caminando me explicaba el significado de cada detalle de la deidad. Inari Ōkami fue representado en su forma andrógina ya que tanto los hombres como las mujeres de la aldea habían puesto todo su esfuerzo por mantener unida la comunidad. Se le agregaron sus más representativos elementos los cuales eran una hoz y un saco de arroz, representando la agricultura, una espada, ya que es una deidad guerrera, un látigo el cual según Akiko utiliza para quemar los cultivos de arroz de la gente, lo llevaba atado a su cinta y no en la mano, una figura zorro y una joya que según dicen hace realidad los deseos.

Al llegar finalizar la peregrinación se puso la figura justo en medio del pueblo sobre una base de piedra, después comenzaron los fuegos artificiales y los puestos de comida de los pobladores de Agokigahara empezaron a servir, los músicos empezaron a tocar y los jóvenes a bailar al ritmo de la música.

No fue hasta el ocaso cuando los ilusionistas amateurs del pueblo decidieron sacar lo mejor de sus fuegos artificiales, casi no había luz pero cuando estallaban en el cielo se alumbraban las caras de todos los de todas las personas que miraban al cielo. Empecé a sentirme un poco débil, al principio pensé que se debía a todo el sake que me habían hecho tomar pero luego empece a tener náuseas terribles. Resolví encaminarme a la casa de Akiko para descansar pero como las luces que alumbraban el pueblo estaban casi apagadas para dejar que el efecto de los fuegos artificiales fuera más deslumbrante el camino era difícil de seguir. La única luz que tenía para alumbrarme era la de los fuegos artificiales *PUM* *PUM* sonaban a lo alto. Comencé a caminar más lento, no podía mantener el equilibrio. *PUM* *PUM* El sonido de los estallidos de los fuegos artificiales me aturdía, era casi ensordecedor. *PUM* Empecé a sentir más frío de lo normal. *PUM* *PUM* El camino resplandecía solo por unos segundos, luego se oscurecía de nuevo. *PUM**PUM* Me invadió una ansiedad terrible, no podía mantener mis manos quietas. *PUM* Luego miré alrededor para ver si alguien estaba cerca. *PUM**PUM* Se me acercaron varios niños que me vieron débil recargado en la esquina de una casa. “¿Necesita ayuda señor?” *PUM**PUM* Se les alumbraban las caras rebosantes de juventud y de inocencia. “¿Quiere que lo ayudemos a llegar a su casa?”. Obscurecía de nuevo; sin verlos accedí a que me ayudaran a llegar a la casa de Akiko. Dos niños me tomaron de ambos brazos. *PUM* “Estará bien con nosotros señor”. Tenía que estar concentrado, algo no andaba bien. Me apartaron de la multitud y me llevaron por un atajo, yo ya no resistía, sentía que la cabeza me iba a estallar hasta que empecé a oír sus risas y luego…moscas. *PUM* *PUM* Fue cuando recordé que en la aldea los primeros en desaparecer eran los niños. *PUM* *PUM* Miré sus rostros, ya no eran rebosantes de juventud, estaban podridos y la piel se les caía a pedazos; recordé la historia de Akiko, recordé como describió a su yerno, estos niños estaban casi igual, sin parpados y con las mismas caras histéricas pero parecía que a diferencia de la descripción de Akiko sobre su yerno estos niños parecía que llevaban más tiempo muertos, más…podridos. Me comenzaron a susurrar al oído.

Desperté junto a Akiko y su nieto en mi cuarto, al parecer habían estado cuidándome por dos días. Según el nieto de Akiko me encontraron inconsciente cerca del bosque. Le conté a Akiko lo que había me había pasado y lo que había oído de la sucias bocas de los niños. Transcribo mi conversación:

“No venían a matarme, ni a llevarme al bosque (…) venían a advertirme. Querían que me fuera del pueblo pues les molesta que tenga cierta sensibilidad con el mundo espiritual. Parece que estuvieron cuando estábamos orando a la deidad Inari y les molestó que nos escuchara. Quieren que me aleje para que puedan atraer a sus seres queridos al bosque, los quieren de vuelta.”

“-¿A qué se refieren con que nos quieren de vuelta?- preguntó Akiko”

Procedí a explicarle mis hallazgos durante mi trance: “Ellos no saben que están muertos, obedecen a este ser enmascarado que les susurra por las noches para que vayan con él pero después de pasar al otro plano no saben que murieron, sin embargo siguen sufriendo. Parece que hay una entidad negativa muy fuerte que no quiere que la gente del pueblo se vaya, quiere que entren al bosque porque, de alguna forma, se alimenta de ustedes.”

Akiko se quedó callada un momento, luego preguntó: “¿Y qué podemos hacer?”.

Varias semanas después investigué sobre pueblos cercanos en los que la gente de la aldea podía restablecerse. Al final los clientes del yerno de Akiko nos ayudaron a darle solución al problema. Tarde varios meses más en ayudar a la gente del pueblo a emigrar. La gente del pueblo triste al principio, fue recuperando el ánimo cada vez más a medida que nos alejábamos del pueblo. Los trabajadores conservaron sus empleos en los campos de arroz pero solo iban para sembrar, recolectar y regresar a los otros pueblos, ya no se acercaban al bosque. Algunos dicen que creen haber vistos zorros blancos merodear por la zona pero no le dan crédito a sus avistamientos.

Me quedé un tiempo más en japón para darle respuestas a mis dudas. Akiko me comentó que habían otros templos antiguos en los que los monjes podrían contestar mis preguntas.

Llegué al santuario Fushimi Inari-Taisha en Fushimi. Pasé una temporada estudiando los libros de los monjes hasta que encontré lo que buscaba:

ONI

La criatura que habitaba en el bosque de Aokigahara era un Oni. Un Oni es un demonio japonés, más parecido a un ogro. Se desconoce donde habitan regularmente y pocas personas han llegado a toparse con uno. Los monjes me dijeron que poco se sabe sobre ellos pero me contaron que hay una leyenda la cual habla sobre la desaparición de los Oni a manos de la deidad Inari. Se dice que en su forma femenina cazó a los demonios que azoraban a los primeros hombres de japón, los fustigó con su látigo y los venció con ayuda de su espada. Sin embargo se dice que el último de los Oni fue acorralado y encerrado dentro del bosque por la misma diosa Inari, se dice que el demonio conocía tan bien el bosque que se ocultó en lo más profundo, ninguno de los zorros de Inari lo pudieron encontrar. Se dice que aguarda en una cueva oculta dentro del bosque, y que atrae a las personas que están perdidas hasta él.

Recordé que uno de los símbolos de Inari era el zorro por lo que tenía sentido que los agricultores que visitaban la zona los vieran muy seguido. Entonces entendí, Inari resguarda al demonio pero no puede evitar que el hombre se adentre en el bosque ya que no puede interferir con su libre albedrío.

Tiempo después encontré un libro que hablaba sobre las máscaras teatrales de japón y me asombró ver una cara familiar

Onryo

Este tipo de máscaras representa a los espíritus en pena que aún se arrepienten de algo que hicieron en vida. Era la misma expresión que Akiko debió ver en su yerno. Era la misma cara que vi en los niños.

Como conclusión de mis investigaciones descubrí que si bien era cierto que el demonio tenía influencia en su territorio pero era interesante ver que una deidad como Inari se le interpusiera. Los dioses y demonios no pueden interferir con nuestro libre albedrío pero si pueden susurrarnos al oído, la clave para salir de tal predicamento es saber a quién escuchar.

Recomiendo al futuro lector, si es que hay alguien que encuentre mis notas, tener cuidado cuando vaya a japón y sobre todo no debe dirigirse al bosque de Aokigahara sin protección divina y una emoción positiva que lo proteja.

Crea tu página web en WordPress.com
Empieza ahora